Agosto - María von Touceda

La casa olía a café y a hierba, así olía también nuestra voluntad.
Voluntad dormida, callada, tranquila como agua estancada.
Estancada está la malicia que perfila al pueblo.
Pueblo destruido, ciudades desiertas como un todo vacío.
Vacía se deja a la sinrazón.
Sinrazón, sin justicia, sin deber solo libertad.
Libertad, la bandera del que nada tiene.
Tiene que poder volverse, recuperarlo.
Recuperarlo costaba solo una sonrisa.
Sonrisa y llanto unidos en crudo.
Crudo era el estado de tu cuerpo.
Cuerpo sin cadenas, humilde.
Humilde es mi devoción por tus ojos.
Ojos que ya no ven, solo admiran.

Cadáver exquisito entretejido con la colaboración de Santiago Barca Arias.